Buenos Proyectos

Febrero 3 de 2001

  por Sergio Samoilovich (www.netic.com.ar)

Tuve una buena noticia ayer, pero antes de compartirla con Uds. tengo que explicar algo importante: Cómo se Hace un Buen Proyecto. Tengan paciencia y lean...

Un buen proyecto es esencial para que los inversores, socios o benefactores nos escuchen y nos apoyen. Muchos emprendedores consiguen una entrevista o una oportunidad de ser escuchados y cuando les piden algo en papel dicen "Lo tengo todo en la cabeza". Lamentablemente, eso no sirve para nada. El inversor no va a arriesgar nada por una idea que ni siquiera se plasmó en papel.

Decir "esto es un esbozo, cuando tenga plata lo voy a hacer escribir bien" tampoco sirve. Si no tiene plata no va a escribir, pero si no escribe bien no va a tener plata. Con lo cual se cierra el círculo vicioso y nos quedamos inmóviles. El evaluador de proyectos quiere saberlo TODO. Cuánto va a costar? Cuánto va a retornar?. Cuál es la tasa de retorno del capital (ROI, return of investment)?. Hay que contestarle "356,43% en el primer año", por más que el error estimado por el emprendedor, en su fuero interno, sea del 2000%. O sea, "podemos perder una fortuna o hacernos ricos con igual facilidad".

Eso me hace acordar a un chiste.

Resulta que un soldado entra gritando al cuartel de mando:

- Coronel, coronel, vienen los indios !

- Caramba soldado, y dígame, son muchos?

- Deben ser como 5001, mi coronel.

- Y cómo sabe que son 5001?

- Porque viene uno adelante, y como 5000 atrás...

Para una batalla, 5000 y 5001 es lo mismo. Pero desde el punto financiero y de la evaluación de proyectos, el soldado tenía razón. El error debe acotarse lo más posible. Siempre que se evalúa algo hay que presentar una cifra, porque es parte integral del proceso de evaluación. Y no alcanza con decir cuánto vamos a ganar y cuando. Hay que explicar como se llegó a esa cifra a través de un cuidadoso proceso de análisis. Por ejemplo, supongamos un portal para barcos pesqueros:

"Vamos a contactar los 3403 candidatos a compradores que figuran en la base de datos TAL. Si no conseguimos la base actualizada vamos a hacer un relevamiento de pesqueros en Mar del Plata y Quequén, que nos va a costar 3.563$ y nos llevará 2 meses.

Estimamos que el 89% nos va a dar sus datos. Que de esos, el 60% va a aceptar figurar en el portal. Que de esos, el 32% va a aceptar pagar una cuota mensual de 100$ por los servicios que recibirá. Que de esos, el 20% aceptará además pagarnos el 5% de las transacciones que realice por nuestro portal. Que las transacciones en el portal serán de 1,000,100$ el primer año. Que por lo tanto facturaremos 50.005$. Que de eso podremos cobrar el 70%."

Etc., etc., etc.

Ahora bien, cuando surgen diferencias entre los porcentajes previstos y los reales, el cálculo final de ingresos también sufre amplias variaciones. Pero aún así, es mejor eso que decir "no tengo idea de cuánto vamos a ganar". Los evaluadores o los encargados del plan de negocios pueden ir ajustando los valores individuales en la medida que la experiencia individual o las circunstancias lo indican, de modo de ir disminuyendo el error.

Al igual que en el aspecto financiero, hay que ser igual de obsesivo, prolijo y detallista con todos los demás rubros del plan de negocios: clientes, competencia, producción, control de calidad, comercialización, etc. No importa que estemos proyectando explotar un pozo de petróleo que ya está inundando el jardín de nuestra casa. Si no detallamos cómo vamos a encarar toda la operación algún evaluador va a decir:

"Proyecto incompleto, falta especificar el precio FOB del bien a producirse". Y el proyecto irá a parar al tacho de basura, sin importar su valor potencial.

Otro aspecto: el cuidado del detalle. Los evaluadores normalmente prefieren rechazar un proyecto bueno antes que aprobar un proyecto malo. (Ese es su modo de cuidar el pellejo). Para calificar un proyecto de malo a veces alcanzan los detalles: una cuenta mal hecha, un error de ortografía, una fotocopia borrosa, la frase "más o menos", etc. No hay que darle a los lectores ninguna excusa para rechazar nuestro proyecto.

Volviendo a la actualidad, en octubre del año pasado se cerró la presentación a un concurso de proyectos tecnológicos para PYMEs auspiciado por el FONTAR, de la Secretaría de Estado de Ciencia y Tecnología de Argentina. El proyecto tenía previsto beneficiar con subsidios no retornables de hasta 300,000 dólares a los mejores proyectos presentados. Se presentaron 873 proyectos, y fueron seleccionados 126. Esto equivale a un escaso 14%. La información exacta, con los títulos de los proyectos, montos y beneficiarios fue publicada originalmente en http://www.agencia.secyt.gov.ar. Es interesante leer los títulos de los proyectos, porque da una idea de lo que se busca, desde el Estado, en materia de proyectos tecnológicos. Los nombres de las empresas y las actividades a veces revelan la presencia de universidades, centros tecnológicos estatales e importantes consultoras especializadas.

La exigencia para la presentación de los proyectos era bastante alta, porque básicamente se pedía un Plan de Negocios, con todos los datos técnicos, comerciales y financieros que correspondieran. Los formularios y los criterios de evaluación estuvieron disponibles online durante algunos meses. No hubo alternativa de entrevista personal con los evaluadores ni segundas instancias: se trataba de un proceso todo o nada.

Aclaro que esta metodología es habitual en los proyectos subsidiados por el Estado o por Organismos internacionales como el BID. Y es parecida a la que emplean las incubadoras de proyectos de Internet y la mayoría de los inversores o financistas institucionales.

En conclusión, mi consultora presentó tres proyectos de PYMEs clientas, por un monto total de 400,000$: un proceso para fertilización de zonas áridas a partir de arena hidrófoba; el diseño de un software para transacciones bancarias, y el diseño y producción de un instrumento médico llamado Cardioversor Portátil Multivoltaje.

He aquí la buena noticia de hoy: se publicaron los resultados, y el tercero de estos proyectos, por un beneficio total de 122,100$, salió en el puesto 103, por lo cual fue concedido.

Mi porcentaje de éxito resultó del 33%, superior al 14% para el total de proyectos presentados. No está tan mal...

Pensando en los proyectos rechazados, la fertilización del Sahara tendrá que esperar, quizá porque me faltó alguna universidad que respaldara los resultados presentados. Y el software también, porque los proyectos de Internet y software son tan intangibles que suelen requerir el doble de argumentos y documentación...

Más allá del porcentaje que me corresponde como gestor y redactor del proyecto, me siento reconocido por los evaluadores y por los empresarios beneficiados, y alentado a continuar con los demás proyectos que tengo en carpeta.

Ayer presenté un proyecto de Internet a una incubadora. Se trata de algo similar al ejemplo de los barcos pesqueros, por cuenta de un ingeniero naval que me confía el aspecto tecnológico y la búsqueda de inversores para su proyecto. En una próxima nota les contaré que preguntaron los inversores, y en quince días más, cual fue su veredicto...

Un saludo a todos los lectores, y a no desesperar quienes estén proyectando su emprendimiento digital.


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