La visita al Zoológico

Resulta que una vez la mamá llevó a Pifucio al Zoológico. Llegaron y empezaron a recorrer las jaulas de los animales, pero a Pifucio nada le interesaba.

Fueron a ver a los monos, que estaban haciendo todo tipo de piruetas y payasadas. Se peleaban por una manzana y parecía que jugaban a la pelota. Le pedían comida a la gente, y se enojaban cuando no les daban, y saludaban con las manos cuando les daban.

Pifucio los miraba un rato y bostezaba.

Fueron a ver a la jirafa, que comía galletitas de la mano de la gente.

- Querés darle comida a la jirafa, Pifucio?

- Porqué? No sabe comer sola?

- Hoy estás insoportable, Pifucio, - le dijo la mamá. Vamos a ver otra cosa.

En eso, Pifucio se agachó y se quedó mirando el piso.

- Qué te pasa? - le preguntó la mamá.

- Una hormiga! Mamá! Encontré una hormiga! - gritó Pifucio.

- Ah - respondió la mamá.

- Es toda negra! Y camina ! Y lleva una hojita!

- Eso hacen todas las hormigas.

- Pero esta lleva una hojita grande! Y se está por meter en un agujero del piso.

- Por supuesto, en un hormiguero. Hay hormigas por todos lados.

- Mamá, la hormiga no está en jaula?

- No, ¿a quien le interesa ver a una hormiga?

- A mí me gustan las hormigas.

- Pero justo hoy, que te traigo al zoológico, te ponés a mirar una hormiga. Vení que vamos a ver al oso.

Fueron a ver al oso, que estaba jugando con la osa y un osito. Un guía explicaba que ese era uno de los pocos osos bebés que había en un zoológico de todo el mundo. Todos lo miraban divertidísimos, pero a Pifucio no le llamaba la atención.

- Cuando vamos a ver otra cosa? - preguntaba.

Fueron a la jaula de los leones, que estaban almorzando un gran pedazo de carne con dientes y garras.

- Te gusta Pifucio? - preguntó la mamá.

- See.

- Te divierte el zoológico?

- See.

- La estás pasando bien?

- See.

- Pifucio, te sentís bien?

- See.

- Querés seguir viendo animales?

- See.

Mientras iban hacia la jaula de los lobos, Pifucio se quedó parando mirando un tronco de árbol.

- Qué te pasa, Pifucio?

- Mirá, mamá, una mosca!

- See

- Una mosca parada en el árbol, mamá. Y camina para arriba.

- See.

- Y es toda negra y tiene dos alas.

- Pero Pifucio! - se enojó la mamá. Porqué hacés tanto lío por una miserable mosca?

- Pero pobrecita la mosca, no tiene jaula, ni tiene un cartel que diga "Mosca", ni otra mosca que le haga compañía.

- Pero Pifucio, las moscas no son animales de zoológico.

- Y esta que hace acá, vino de visita?

- Vino volando como cualquier mosca.

- Y pagó entrada?

- No, como va a pagar entrada.

- Mamá, no podemos comprarle alimento para moscas?

- Nooo!

- Mamá, que comen las moscas?

- Basura!

- Y no podemos comprar un poco de basura para darle?

- Noo! La basura no se compra, por eso es basura! Y dejate de distraerte con pavadas, que no sé para qué te traje al zoológico. Vamos a ver los lobos.

- Miraron los lobos, y la mamá le explicó que los lobos eran muy malos, que vivían en el bosque y que comían animales domésticos. Pero se quedaron un rato corto, porque Pifucio no le prestó la menor atención a los lobos.

Mientras iban hacia la salida, vieron un gato.

- Mamá , mamá ! - gritó Pifucio. Un gato!.

- Si. - contestó la mamá.

- Un gato suelto, mamá. No está en una jaula ni nada - dijo Pifucio.

- Ya veo.

- Mamá, tengo miedo. Es un gato salvaje! Me puede morder! Me puede arañar!

- No hace nada, no ves que es un gato común y corriente, de la calle.

- Pero los gatos comen carne. Y ese está suelto y me mira torcido! Me va a comer!

- Pero Pifucio dejáte de decir pavadas! - dijo la mamá. Estamos en el zoológico, hay todo tipo de animales extraños y salvajes y peligrosos y poco comunes, y vos ni los mirás. Y de pronto se te cruza un gato callejero, como los montones que ves todos los días en la calle, y hacés un escándalo.

- Te parece que es un gato común?

- Por supuesto.

- Pero está en el zoológico.

- Y eso que tiene que ver? Sigue siendo un gato cualquiera. Feo, viejo, y con cara de no matar una mosca.

- Mejor que no mate a la mosca, mamá. Pobrecita la mosca. Y pobre gato, nos lo podemos llevar a casa?

- No, Pifucio, no podemos.

- Buaaaa! Yo quiero tener un animalito! Que sea mío ! Buaaá!

La mamá se quedó pensando un rato y al final le dijo:

- Te prometo que en casa te consigo un animalito que te guste.

Pifucio dejó de llorar y se quedó tranquilo. Cuando llegaron a la casa, la mamá puso un poco de azúcar en un frasco y lo dejó en el jardín. Al rato el frasco estaba lleno de hormigas. La mamá lo tapó y se lo dio a Pifucio.

- Tomá, acá tenés tu hormigario.

- Gracias mamá, que lindo! - dijo Pifucio, y se quedó de lo más contento mirando sus hormigas.

mas info

Su niño puede oir los Cuentos Locos y Graciosos una y mil veces

Regáleselos!

Descargue inmediatamente el audio de 15 cuentos infantiles, en formato MP3, por U$D 9.00.

Comprar audio de cuentos Infantiles
Pague con tarjeta de crédito (internacional)

Si no vé un marco de navegación, ábralo acá